miércoles, 28 de septiembre de 2016

LOS DÍAS DEL SEÑOR

Poco antes de que los domingos fueran amargos tan solo eran los días del miedo, ¿lo recuerdas? Papá volvía a casa, escopeta al hombro, envuelto en alcohol, perfume barato, sudor y humo; mamá, antes de escondernos, nos contaba un cuento sobre la cacería, el mareo por la cerveza sin apenas comer, el mal humor por la jaqueca, y su querencia por la colonia de mujer...

Pero tú nunca pudiste callar y le pedías a mamá que hiciera algo, que cambiara aquello. Ella nunca te negó nada; por eso, aquel domingo, como una maga, trocó la escopeta en varita mágica, cambiando para siempre el miedo por orfandad y tristeza.   

1 comentario:

Fernando Jimenez Hernández-Pinzón dijo...

Por alusiones en EL ESCRITOR, quiero hacer un comentario. Lo primero es que este último microrrelato (por llamarlo así) "Los días del Señor" me ha estremecido. Porque es esencia más que sustancia. Porque es ventana, o más bien portillo, casi resquicio, que te abre a lo casi infinito de sensaciones, asociaciones, sugerencias y emociones. Y en EL ESCRITOR veo al verdadero escritor, macerado en lecturas durante años y años, empeñado obsesivamente en reconocerlo en sí mismo, forcejeando constantemente para encontrarlo entre las sinapsis de su propio tejido neuronal, pero desde una autoexigencia de pureza, de genuinidad, de perfección, de ilimitación, que, como en aquellos espejos deformantes de "El Callejón del gato" donde se miraba don Ramón del Valle-Inclán, no ve en sí mismo más que el esperpento del escritor anhelante que no adecua su imagen con la de la "idealidad". "Así en mi alma está el total anhelo"... escribió Juan Ramón, a quien él cita.
Yo que te veo desde el cristal de mis tantos años, 82 para ser exactos (años menos fecundos literariamente que los suyos) y que no termino de abarcar la infinitud de sus sugerencias, de sus citas de lector infuso y profuso, de sus referencias cultas y científicas..., digo para mí (y ahora para ti) ECCE SCRIPTOR.